Enrique Montoya Fernández (21-9-1928 – 28-7-1993). Nació en la calle Escobas (hoy Eduardo Dato) número 42. Nos dejó en la Plazuela de Enrique Montoya número 1. Era hijo de José María Montoya Pozo y Marta Fernández Carrillo (Marta la Taquillera, porque era realmente taquillera en el Teatro Triunfo de don Manuel Velayos). Junto a sus hermanos Juan y Marcial, Enrique se educó en el Colegio Salesiano y uno recuerda, que en las fiestas del director, los hermanos Montoya, alumnos como nosotros, cantaban aquello de "Marinero, que se va el vapor".
En los ratos libres, Enrique se marchaba a la calle San Fernando, donde un viejo barbero, Balsamina, le mostraba los secretos musicales de las seis cuerdas de su guitarra flamenca. Por otra parte, sentía devoción por los quejíos y lamentos de los cantes gitanos de su pueblo y, como el cante lo traía en sus entrañas, no tuvo necesidad de esforzarse mucho para comprender los misterios y los sentimientos del compás.
Un día, bueno, una noche, lo vimos actuar en solitario, con su guitarra, en la sala de fiestas El Retiro, cantando las cosas de Atahualpa Yupanqui "Los ejes de mi carreta". Más tarde supimos que se marchó de su casa, con el único equipaje de su guitarra, acompañado del cantaor Pedro Gómez, el Yegüerizo, en busca de un éxito que soñaba y que presentía.
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Título: Plegaria a la Virgen
de Consolación Autor: Enrique Montoya
Tras enrolarse en el espectáculo "Galas Juveniles" del Teatro Cervantes, que dirigían musicalmente los maestros Rivas y Gardey, se coloca más tarde en El Guajiro, donde trabaja con Farruco, Matilde Coral, Rafael el Negro, Chocolate... Antonio Márquez, el torero rubio de Madrid, marido de doña Concha Piquer, se lo llevó para que actuara en el espectáculo "Solera de España". El rigor y el estricto control de comportamiento que exigía la Piquer a los artistas de su compañía pudo influir en el ya cultivado espíritu de sacrificio de Enrique, pues siempre fue un perfecto cumplidor, un artista de exquisito trato y un compañero de absoluta confianza e intachable conducta a todo lo largo de su carrera artística.
Tras grabar un 78 r.p.m. en el que destacaba la canción-ranchera "Dos arbolitos", actuó también en espectáculos con las estrellas Juana Reina, Lola Sevilla, Marifé de Triana y Niña de Antequera.
Más tarde cruza el charco con una artista llamada María Antinea, conociendo en América a Sabicas, prestigioso concertista gitano de Pamplona, con el que grabó la "baladillas de los tres ríos", de Federico García Lorca. De Nueva York a Cuba, donde la revolución de Castro le obligó a permanecer en La Habana seis meses. Allí escuchó por primera vez la canción de Cabrera, "Esperanza". De cuba marchó a Buenos Aires, donde conoció a Juan Mendoza, Niño de Utrera.